Antonio Porchia «Voces»

Cuando todo está hecho, las mañanas son tristes.

Sin esa tonta vanidad que es el mostrarnos

y que es de todos y de todo, no veríamos nada y no

existiría nada.

Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.

Tu crees que me matas. Yo creo que te suicidas.

Quien no llena su mundo de fantasmas, se queda solo.

Ahora tengo miedo de entrar en las cosas;

miedo de hallarlas todas justas

En el último instante, toda mi vida durará un instante.

Cuando yo muera, no me veré morir, por primera vez.

Mis cosas totalmente perdidas son aquellas que,

al perderlas yo, no las encuentran otros.

Todos pueden matarme, pero no todos pueden herirme.

Cuando no me hago daño, temo hacer daño.

Eres cuanto te necesitan, no cuanto eres.

Sí, me apartaré. Prefiero lamentarme de tu ausencia que de ti.

Estás triste, porque te abandonan y no estás caído.

Si me olvidase de lo que no he sido, me olvidaría de mí.

Todo juguete tiene derecho a romperse

Yo también tuve un verano y me quemé en su nombre

A veces creo que el mal lo es todo y que el bien es

sólo un bello deseo del mal

No creo en nada de lo que tú crees. ¡Y te creo a ti!


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