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Los peligros del lenguaje o el lenguaje como trampa

Me pregunto si los humanos, que con tanta facilidad caemos en trampas de todo tipo elaboradas por la mente, no estaremos desde hace demasiado tiempo engañándonos al afirmar que el lenguaje nos sirve para comunicarnos, cuando los hechos demuestran que también sirve para incomunicarnos y quizás solo fundamentalmente para esto último; algo de lo que se aprovechan los oportunistas, que haberlos haylos, y que además proliferan con una facilidad pasmosa, atribuyéndose una sospechosa inteligencia.

 

Hemos invadido el mundo con tantas palabras, repetidas hasta la saciedad, que se ha convertido en una Babel, en la que nadie puede decir que se aclara ante tal confusión creada.

Un día este imprevisible mundo quizás explote por sobrecarga de tantas ideas convertidas en palabras; aunque también admito que he llegado a pensar que siempre se están produciendo explosiones de mayor o menor magnitud por ello (la gran mayoría de los problemas por los que hemos atravesado y atravesamos están producidos por el mal uso de las palabras que nos conducen a frecuentes enfrentamientos y desquicios).

 

He llegado a un punto, no sin darle pocas vueltas, en el que es muy posible que como afirma Hölderlin, en una frase que he leído en la Imperfecta: “el lenguaje es un peligro”. Un peligro del que no sé si hemos tomado conciencia suficiente como para plantearnos un vuelco o dar un salto para salir de donde nos hemos metido.

 

Hemos llegado a tal grado de excesos en su uso, que hemos arrinconado, por ejemplo, a todo lo que el silencio expresa, de tal manera que el panorama se presenta con un ruido que produce confusión, confusión que nos aturde.

 

Todos estamos ya infectados por las palabras y no sé si un día surgirá entre nosotros alguien que nos aporte, con ellas, alternativas válidas para salir de donde estamos y que además colectivamente estemos en condiciones de aceptar (Parece oportuno también recordar que rechazamos fácilmente la lucidez).

 

Hemos vivido, y seguimos viviendo, aceptando tendencias y  creencias demenciales que se imponen y desaparecen cada vez con más rapidez.

 

¿Cómo se nos ocurre pensar que ya sabemos? Cuando no sabemos, por ejemplo, lo que es el aprendizaje y vivimos con la extendida creencia de que es una meta a la que se llega. Nos instalamos en tal creencia y elaboramos, para desarrollarla, todo un complejo sistema de aprendizaje sin detenernos a pensar que el aprendizaje quizás solo sea la acción de aprender para volver a aprender. Es decir, sin detenernos a pensar en el aprendizaje como un sin fin.

 

Creo que si aceptásemos, y podemos hacerlo, de que el aprendizaje es simplemente un aprender sin final o un aprender continuo hasta nuestro imprevisible final, desaparecerían los ya demostrados aspectos absurdos y también los flagrantes fracasos de nuestro sistema educativo, que tanto nos limitan; así como también podrían diluirse algunas concepciones equivocadas con respecto a lo que es la vida (si hubiésemos acertado en el uso del lenguaje no estaríamos tan distantes unos de otros, sino que nos abriría la oportunidad de mejorar nuestra cercanía, tan bella, tan necesaria y natural, teniendo con ello la oportunidad  de reaccionar ante las frecuentes equivocaciones que, hagamos lo que hagamos, vamos a cometer inevitablemente, por lo menos ha sido así hasta ahora)

 

Es una pena lo que nos estamos perdiendo a causa, entre otras muchas, de haber caído en usar el lenguaje con un sentido que nos perjudica, tal como está ocurriendo con excesiva frecuencia.

 

Cuando las cosas no van bien, como es el caso, propongo que nos hagamos preguntas tales como:

 

¿Estaremos usando el lenguaje para construir cercanía entre nosotros y con el mundo, o lo estaremos usando para dividirnos o distanciarnos o oprimirnos unos a otros? ( Se puede afirmar que: Incluso los aparentemente poderosos son, a su vez,  unos oprimidos inconscientes que piensan que están protegidos por un ficticio poder, algo que, por mucho que pretendan aparentar, no pueden ocultar su despiste e incongruencia que tanto daña; pero también, por supuesto, sería necesario destacar la ignorancia de los que no ansiamos el poder, ya que tampoco acabamos de encontrar alternativas). Todo parece indicar que se impone una actitud creativa para intentar salir de nuestras zonas oscuras.

 

Y ese salto que sugiero, habrá que hacerlo sin certezas, sin ideologías que no sean flexibles (ya está demostrada  ineficacia de las rígidas), y por tanto sin gurús; porque también está visto que no hay metas en una vida finita y tan solo tenemos delante caminos abiertos de una agradable inseguridad permanente, que nadie ha podido aún recorrer ni recorrerá en su totalidad.

Y lamentablemente todo esto he tenido que decirlo con palabras.

Perdón, me callo para refugiarme en la música del silencio, pero hoy aquí luce al sol y habrá que salir a escucharlo y recibirlo.

 

Para todos vosotros cordiales saludos de Manuel Marino, desde La Alpujarra Alta.

 

P.D.

Estas palabras, si se escuchan o se leen atribuyéndoles un único significado… ¿no nos estaremos, a causa de ello, perdiendo su vibración, algo que tan frecuentemente nos ocurre?. Ya me diréis.


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