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Perseidas

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Perseidas

El paseo de San Pedro, el acantilado donde termina Llanes por el Norte, era el lugar perfecto para ver las Perseidas: oscuro y a solas, con el rumor de mar de fondo.

Las Perseidas me recuerdan uno de esos momentos que, pese a ser intrascendentes, emergen de la memoria muchos años después. Había subido con un amigo al tejado del colegio, trepando en la noche por la fachada embellecida de adoquines con ranuras suficientes para nuestros dedos de once años. No sé cuánto tiempo estuvimos tumbados en la superficie ondulada, con la cara frente al cielo estrellado, hablando de cualquier cosa, robando un momento a la vida con todo el derecho. Varias estrellas fugaces rasgaron la noche. Eran parte del paisaje. Como nosotros. Tal vez por eso las miramos con curiosidad y no con la avidez de quien perdió la gracia de ser.

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Texto: Roberto Lamuño

Fotografía: Cylonphoto / Getty


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