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Cuaderno de un caminante quieto

Cuaderno de un caminante quieto

Cuaderno de un caminante quieto

Arsenio Manuel González

CAPITULO UNO.

Hölderlin dejó constancia de que el lenguaje es el “peligro de los peligros “cuando afirma con sus propias palabras

(Citado por Hugo Mujíca).

El uso del lenguaje,
cuyo origen es mítico,
demanda actitudes elegantes,
invita a sentirse acariciado
(cuando él me besa le beso).
Al interminable conocimiento invita,
con su humildad seduce.
Mis males ¡tantos!
proceden del uso bastardo de la lengua,
de las palabras traicionadas
por no abrigarlas del frío que genero
o por ejercer de sordo con corazón oscurecido.
Sé que allí no llegaré, donde usarlas es acierto,
Mi deber es perseverar,
es ir hacia donde el lenguaje es lenguaje
y no esto que digo
sino lo que decir necesito.
*
Entonces…
¿Hacia donde se desplazan las teorías
cuando no se cumplen?
Ellas van y vienen a su aire,
no son de nadie
ni de ellas -respondo sin certeza.
*
Algunas frases de claridad aparente
producen la impresión de novedad
o de cierta lucidez repentina.
Espejismos con los que camino
cuando me detengo.
*
Hemos sido destructivos
con mayor o menor grado de violencia.
Huimos de lo que somos
diciendo que ignoramos.
El futuro habrá que convertirlo en otra cosa
con palabras aún no pronunciadas.
¡Que se convierta en clamor es mi deseo!
No por descubrir imposibles novedades
sino por reflotar lo que está,
eso que siempre ha estado.
*
La estrategia de gritar
como forma de alcanzar la calma
o de conseguir metas
no ha dado resultado.
Ya no me convencen tales formas.
¿Pero qué me convence?
Solo saber
que a todo práctica
le acompañan infinitos interrogantes.
*
Bien tarde, en la noche,
mientras el pueblo duerme
(imagino que con la paz que siento)
salgo con Toa por el solitario barrio,
Las casas también duermen,
algunos pájaros, al sentirnos,
se agitan entre las hojas.
Ella avanza, retrocede, se gira
buscando el lugar perfecto para mear,
dejándose llevar por el olfato
hasta encontrar el sitio adecuado.
Mientras tanto, yo,
también meo, contemplo el cielo,
respiro encantado escuchando el silencio,
hago planes, estiro las piernas
y a veces entono un canto.
Nadie puede saber
si los placeres de la perra
son superiores a los míos
e incluso si son diferentes.
Todas las noches la quiero
y agradezco el incierto vivir
en un ritual que permanece
desde hace nueve años.
*
Al bien le acompaña el mal,
a lo oscuro la claridad
a la salud la enfermedad,
como si todo
estuviese convocado
en cada instante y fuese todo uno.
*
La lucidez, al abismo me acerca
sin posibilidad de transferirla.
Como la lucidez de los otros,
aparece y desaparece
ella, tan escurridiza,
tan libre, tan de ella.
*
De los otros,
recibo la ternura,
la seguridad y el miedo
y a ellos se lo doy.
Pero,
nunca darles podría
las palabras que lo expliquen
sino el silencio que nos estremece
por estar tan cerca.
*
Aspiro,
cuando de verdad aspiro,
a continuar sabiendo
lo que nunca terminaré de saber.
*
Cuando menos lo espero
regreso a hábitos mentales
que habían sido
¿superados?
*
Nos detenemos, detenidos,
no intentando detenernos.
y estamos en paz, en paz.
No estamos en el lugar
cuando se ansía,
no se llega sin estar.
*
Es posible
que ser miserable sea
retener la generosidad natural
en la propia cárcel.
*
El poeta, cuando compite,
no es poeta,
cuando no es lo que es
la poesía le abandona.
*
La objetividad
no está a mi alcance.
*
Que no tengamos tiempo
para escucharnos y escuchar al mundo
no deberíamos decirlo.
¿Qué es el tiempo?
*
Lo complejo,
otro término a olvidar,
ya que significa
lo que nadie sabe.
*
Hasta ahora,
que se sepa,
siempre hay,
en algún lugar,
una puerta abierta
que no suele estar
donde se busca.
*
Beethoven,
se sobreponía
a las circunstancias de la vida
componiendo, por ejemplo,
La Novena…
“Escucha hermano
la canción de la alegría…”
Solo tengo razones
para quererlo.


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