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¿Jugamos a autoeducarnos?

¿Jugamos a autoeducarnos?

Poesía visual para La Imperfecta del amigo Alberto Muñoz.

“Cada palabra es

una palabra-estímulo”

Peter Handke. Pag 179 del

  libro: “Vivir sin Poesía”. 

 

Si verdaderamente hubiésemos deseado educarnos, ya podríamos sentirnos en el interminable e incierto camino de educarnos -pienso en estos momentos.

 

Lo que puede ocurrir, es que cuando hablamos de educación, usemos repetitivamente este femenino término sin ponernos de acuerdo ( y creo que lo necesitamos) con relación a lo que educación es; tal como si estuviésemos acercándonos constantemente a los significados y alejándonos de ellos al mismo tiempo. Educarnos nos es llegar a una meta sino un trayecto nutrido de supuestas certezas abiertas a una necesaria y constante rectificación.

 

Ponerse de acuerdo con respecto a lo que educación pudiera ser, quizás sea una pretensión que requiera desprendernos de los incómodos yos, de la misma forma que no nos ponemos de acuerdo ( todos me refiero) a lo que otras muchas palabras significan, y en este sentido podríamos citar a algunas tales como amor, intensidad, honestidad, participación, democracia… así como otras que cotidianamente usamos, a las cuales prácticamente cada uno de nosotros le atribuye un significado diferente en cada situación, tal como si estuviésemos viviendo la experiencia de estar todo el tiempo en una Babel de lenguas dentro de cada lengua, tal como si las palabras evolucionasen al vivir como también cambiamos los humanos.

 

A veces uno tiene la impresión de que es así y que no tiene remedio, pero no siempre puedo pensar de la misma forma. En soledad me gusta pensar que nos vendría bien, en vez de desesperarnos por intentar entendernos solo con palabras (tal como si con ello estuviésemos esperando que sean la varita mágica que todo lo puede arreglar) que sería mejor permitirnos sonreír ante el uso que les damos, aunque solo sirva para flexibilizarnos y a su vez aceptar su flexibilidad.

 

Lo que parece posible es, que también podríamos entendernos sin ellas, es decir, que si las palabras no se pretendiesen utilizar (como ocurre) para ocuparlo todo, es posible que estuviésemos más relajados y muchos de los problemas que hemos creado con ellas no existirían. Personalmente me encanta imaginar que nos vendría bien abandonar el empeño de su uso para todo, incluso hasta para soñar.

 

O sea que uno acepta pensar que el uso de las palabras para todo, sabiendo que son flexibles y tienen muchas limitaciones, puede ser una de las causas que explique, que vivamos limitados aunque supongamos que ocurre lo contrario y aunque creamos que con las palabras llegamos muy lejos y sean nuestro mejor vehículo para comunicarnos; cuando nuestro mejor vehículo para comunicarnos bien podría ser el no reducir la comunicación exclusivamente a ellas; porque si la comunicación se reduce cada vez más, como todo lo que se fuerza termina siendo incomunicación, que es lo que parece ser que nos ocurre: que hablamos y hablamos y escribimos y escribimos manifestando imposibles certezas y cuando más lo hacemos sin relajarnos, menos nos comunicamos.

 

A pesar de que es evidente que no estamos de acuerdo en lo que educación significa (quizás sea porque cada palabra tenga múltiples significados), propongo que juguemos a autoeducarnos interminablemente como si la vida fuese un reto que nos lo estuviese demandando (que bajo mi punto de vista siempre lo está haciendo).

 

Hoy pienso (mañana no sé) que intentar autoeducarse bien podría ser una motivación para levantarse cada día en este mundo claramente impredecible. Y hacerlo de tal forma, que si alguien (o yo) me pregunta a qué vine a esta vida, pueda responder:

-Vine a pasar el rato intentando autoeducarme sin fin, tratando con ello de llevar una vida amable y digna con todos los humanos y, por supuesto, también con las plantas y los animalitos.

 

Así, me explico que la necesidad personal que manifiesto con respecto a que todos nos eduquemos como una actividad beneficiosa, supongo está motivada por la necesidad que tengo de que no intentemos seguir educándonos sin estar de acuerdo con respecto a lo que educación es y, además, permaneciendo atentos a que su significado no se instrumentalice con intenciones espurias como tan a menudo ocurre.

y… es fácil deducir que ponernos de acuerdo al respecto del significado de las palabras es un sueño, un sueño más que me niego a que no seamos capaces de realizar si para ello ponemos todo lo que hay que poner, que según han dicho los antiguos, se fundamenta en la generosidad y en el sentirse un nosotros, borrando para ello todos los imaginados yos del planeta y sin olvidarse de que las palabras no tienen dueño.

 

Como podéis comprobar no he pretendido estar de acuerdo ni en desacuerdo con nadie, ni incluso con mi antipático, convulsivo y lamentable yo.

 

Admito que es posible que para osar escribiros solo me oriente el deseo de estar lo más cerca posible unos de otros compartiendo el digno camino de la imperfección.

Me despido con un afectuoso saludo convencido de que lo que digo no es como lo digo, sino de otra forma que aún está por decir o… por callar.

 

 

Apenas encuentro palabras

para expresar lo que percibo,

las palabras para esto y aquello

 me resultan un chiste”

 Peter Handke. Pag 271 del libro citado.

 

 

Propuesta personal que, con un cálido saludo, os envía desde la corresponsalía de Nairobi vuestro amigo Yosuf Hamei.


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