Octavio Paz

Visitamos a Octavio Paz en su libro “El Arco y la Lira”

Recibimos, como un inesperado regalo, un desconocido libro de Octavio Paz (1914-1996) que encontramos hace un par de días hurgando entre libros viejos en el Café con Palabras de Cabezón de la Sal. Se trata del titulado: “El Arco y la Lira”, editado por el Fondo de Cultura Económica cuya primera edición es de 1956 y … nada más abrir el libro quedamos impresionados al encontrar la siguiente

Lo visible se explica por lo escondido”
“El hombre sigue siendo antiguo”
“La poesía es entrar en el ser”

OCTAVIO PAZ.

DEDICATORIA:

 

 De pronto sentimos que nos habíamos metido en una bella historia privada y nos preguntamos si la firmante de esta afectuosa dedicatoria seguiría sosteniendo ese te quiero al afortunado anónimo destinatario del libro, además nos gustó leer que el libro le había resultado un buen alimento y deseamos que el amor enviado a través de sus palabras se haya mantenido.

 

Este hecho nos estimuló al instante la imaginación, creando en nosotros muchas posibles y apasionantes historias con variados finales, y al instante, nos hubiese gustado conocer cuál había sido la trayectoria del libro así como la de los dos protagonistas y también imaginamos, que a Octavio Paz también le hubiese encantado conocer el destino que había tomado el ejemplar de su libro. O sea que antes de empezar a leerlo, la cosa prometía.

 

Nos habíamos acercado al libro, de la misma forma que estamos buscando a todos aquellos que pudiesen explicarnos a qué llamamos poesía y si alguien nos podía explicar lo que es. Anteriormente ya habíamos estado leyendo a Roberto Juarroz, a Martin Heidegger, a Hugo Mújica y a Philippe Jacottet (por citar solo a algunos autores que recientemente nos entusiasmaron con sus reflexiones al respecto) y, entre otros pendientes, nos faltaba dejarnos invitar por Octavio Paz, que nos llegó muy bien acompañado con la amorosa dedicatoria de María Pilar a quien nos gustaría conocer y, si lo tuviese a bien, nos contase lo que realmente ocurrió después de haberle regalado el libro a la persona que quería. Lo que si podemos afirmar es que María Pilar manifestó el encanto que el texto le produjo, que otros después de haberlo leído, suponemos que también lo hayan sentido y deseamos que otros muchos continúen en un futuro encontrando en él algo que puedan necesitar.

 

¡Son tantos los temas de qué trata!

 

Ha sido Octavio Paz un viajero y un lector penetrador con una considerable capacidad para asimilar todo lo que leyó y escuchó (así como también para transmitirnos con claridad sus reflexiones), de tal forma que algunos lo han llegado a considerar como un vidente, o sea una persona con una admirable lucidez y amplitud de registros. a los que nosotros no nos vamos ahora a referir, ya que solo nos queremos ceñir a un par de citas que figuran en sus páginas, concretamente en uno de sus capítulos, titulado La Imagen; pero seguro que vamos a tener ocasión de visitarlo en otras desde La Imperfecta, dado que consideramos su amplia obra un regalo que recibimos como estímulo. No tenemos ninguna duda que después de leer “El Arco y la Lira” ya no somos los mismos, algo que no podemos decir de todo lo que se ha escrito y pensado.

 

Después de leerlo también hemos adquirido una cierta conciencia de nuestra ignorancia y hemos renegado de una educación de innecesarios y tediosos años, durante los cuales no hemos estado acompañados por el estimulante deseo-sentimiento de que estábamos acercándonos a nosotros, sino más bien distanciándonos. No sé si es tarde para empezar de nuevo e incluso si esto es posible, pero desde la Imperfecta vamos a seguir intentando acercarnos con frecuencia a los tiempos anteriores a Parménides.

 

Afirma el autor en la pág. 102 del libro al que nos referimos, que desde Parménides (y ha llovido durante unos 2.500 años desde entonces), nuestro mundo ha sido el de la distinción tajante entre lo que es y lo que no es, constituyéndose el fundamento de una forma de pensar que llega hasta la actualidad y con ello redescubrimos que hay otras formas de mirar posibles de las que nuestra cultura (y nosotros) venimos huyendo. Las consecuencias de esta actitud nos atrevemos a decir que han sido nefastas.

 

Volvemos a leer, como si fuese la primera vez, que el mundo occidental es el de ”esto o aquello” y el oriental el de ”esto y aquello” y aun el de ”esto es aquello” y como testimonio nos cita un párrafo del más antiguo Upanishad en el que se afirma el principio de identidad de los contrarios:

 

TÚ ERES UNA MUJER. TÚ ERES UN HOMBRE. TÚ ERES EL MUCHACHO Y TAMBIÉN LA DONCELLA. TÚ, COMO UN VIEJO, TE APOYAS EN UN CAYADO…TÚ ERES EL PÁJARO AZUL OSCURO Y EL VERDE DE TUS OJOS…TÚ ERES LAS ESTACIONES Y LOS MARES”

 

Intuimos que muchos debates estériles, por su repetición, podrían terminarse si fuésemos capaces de recuperar este sentimiento tan antiguo como el hombre.

 

A nosotros este libro consiguió dejarnos en el aire y al mismo tiempo sobre la tierra muy cerca de lo que vibra. No con interrogantes que nada o muy poco nos han aclarado, sino diciéndonos que nunca se llega a resolver los problemas que precisamente con nuestros enfoques hemos generado sin cambiar nuestras formas de abordarlos y tampoco se llega a entender lo que somos manteniendo actitudes manifiestamente experimentadas como obsoletas; percibimos que solo con la poesía podemos adentrarnos en ese no ser que también somos.

 

Imaginamos que Maria Pilar después de leer “El Arco y la Lira” haya terminado con la misma sensación que nosotros tenemos al haberlo hecho; y os lo dedicamos con el mismo afecto que ella se lo dedicó a su amigo.

 

Afirmamos, tal como Octavio Paz afirma (y nos parecen palabras estimulantes) : que la poesía nos lleva de la mano a entrar un poco más en el ser y a seguir entrando en sus infinitos otros.

Cordialmente:

Pablo Rabanal

“Cuando el corazón se siente

a sí mismo, entonces,

nace la poesía”

OCTAVIO PAZ


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  1. Ana isabel Díaz Goti

    30 enero

    Después de conocer la dedicatoria al calor de un café matutino y a la sombra de las nubes de un cigarro pienso que hay dedicatorias como epitafios, grabados en piedra, con vocación de eternidad.

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