Celebración de lo Ignoto

Celebración de lo Ignoto - Arsenio Manuel González

Autor Arsenio Manuel González

En la soledad del pueblo soriano de Velilla de Medinaceli, el autor, a partir de la idea y el sentimiento de que es mucho más lo que desconoce que lo que piensa conocer (conocimiento que evoluciona constantemente) escribió este libro autoeditado que os iremos ofreciendo en La Imperfecta paso a paso.

El libro está dividido en los siguientes capítulos:

Acercamiento al humano

El humano tiene acceso a la oscuridad y a la claridad a través de sus sentidos y entre la oscuridad y la luz vive.

 

Tiene la impresión de que la claridad es como un destello que recibe en un instante fugaz e inesperado, un destello que no puede retener y no es que no lo haya intentado, por tanto no tiene sentido culpabilizarlo.

 

Sus esfuerzos por mantenerse lúcido han sido enormes y fallidos, solo puede disfrutarlos durante el instante que duran y continuar viviendo hasta el siguiente destello, que de venir, solo lo hará cuando el humano esté relajado y abierto para recibirlo.

 

Tiene que celebrar la belleza de esos destellos que vienen y van. No puede programarlos ni mantenerlos, solo darles la bienvenida cuando vienen, que vendrán, porque nadie se mantiene todo el tiempo en la oscuridad.
Todo humano en esto tiene mucha experiencia, es algo que se repite durante su existencia. Si intenta mantenerse en la claridad no puede, lo que no es de él, lo que recibe no puede poseerlo, al intentarlo enloquece, se va de sí, se convierte solo en una ansiedad y perdido camina hacia repetirse.
Un trago de buen vino en el momento oportuno le muestra al humano lo que debe hacer: respirar, recibir y agradecido celebrar lo recibido y lo que se va -con amoroso agradecimiento- hacia algo tan inmenso que no puede reducir.
Al humano todo lo que le llega es un regalo de la naturaleza a través del aire y lo que ella le entrega es evanescente.

 

El humano ha pretendido crear demasiadas cosas y ha realizado excesiva actividad mental dirigida a recaer, una actividad que le agota y aleja de escuchar. Si no escucha no sabrá quién es y si se escucha es un fluir.

¡Tanta huida, y tanto esfuerzo para terminar siendo lo que no es!

 

¡Atarse tanto mental y físicamente para complicar su libertad!

 

¡Acumular tanto en apariencia, para cuando se detiene y escucha, percibir que nada tiene y nada nunca tendrá porque aquí no ha venido a poseer sino a compartir!

 

Si alguna vez el humano se convierte en un viajero que se abre, todavía podrá encontrar algún humano que sabe que lo es, pero no necesita narrarlo; un humano que no le va a contar o a escribir lo que hace o como se mueve porque si lo contase rompería el encanto.

 

En el lugar más inesperado, el que viaja, todavía se puede encontrar con algún humano que celebra en silencio porque sabe que las palabras tienen sus limitaciones, vive recibiendo y ofreciéndose y lo que dice lo dice haciéndolo, hacer es su manera de comunicarse.

Entonces cuando ese viajero, en su caminar encuentra a un humano recuerda lo que tiene que hacer, aprende sin palabras que su tarea es personal, es de escucha y de silenciosa celebración.

 

El viajero pide en silencio perdón por tanto errar, sabe que debe continuar sin encontrar y es el saber que no va a encontrar ni va a poder explicar lo que le impulsa a seguir el camino. Sin buscar encuentra siempre lo que se va, que es lo único que existe.

 

No hay un elegido por ningún dios para que sea lúcido, la naturaleza ha elegido a cada humano para serlo y no serlo.

 

No hay mesías, no hay budas, no hay iluminados, no hay profetas, no hay recetas, solo hay lo que cambia hacia lo ignoto, y el humano ha nacido para escucharlo y celebrarlo.

 

El viajero ya ha aprendido que no se llega y que encontrarse es em- pezar de nuevo a encontrarse. El humano se ha repetido lo suficiente en su larga historia como para tener que abandonar las resistencias a dar su propio salto hacia el encuentro con esa naturaleza que se le esconde y de la que no puede huir.

 

El humano mientras viva estará inmerso en la naturaleza, que es el conjunto de lo que hay, y a su muerte otros continuarán en ella, de ahí la importancia de su transcurrir, una responsabilidad ineludible.

… continuará ….